Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.
Cierras los ojos y sientes el contacto del dedo sobre tu piel. Allá donde pasa se eriza y se vuelve sensible. Es como un puto dios griego caído a hostias del cielo. Aunque él no se ha caído, él se ha tirado. Porque es así, un cabronazo de cuidado. Porque te hace llorar, lloras como una niña pequeña, pero de pronto, te abraza y te da un beso. Te olvidas. Es tu cura, tu medicina. Y a veces piensas en él, distante, en él, en su vida. En que no sabes nada, y en que te arrepientes de enamorarte. Pero el daño ya está hecho. Y a veces piensas en ti, susurrando, a él, toda tu vida. En que lo sabe todo, y en que no te arrepientes de contárselo. Pero no le cuentas todo. Por ejemplo, no le dices que le quieres. Que le amas. Que pasas las noches abrazando a tu almohada, pensando en qué estará haciendo, si estará ahogando sus recuerdos en un vaso de vino, o dejándolos fluir entre humos de algún cigarro en vano, o quizá, sólo quizá, esté susurrándole secretos a las piernas de otra chica. Y te jode. Te jode no tenerle cerca, no poder abrazarle. Porque tú puedes permitirte el lujo de llorar por alguien, pero de no contárselo. Porque no sabes cómo decirle que es él quien te hace reír como una idiota mientras un millón de mariposas se incendian por tu garganta, que no sabes cómo contarle que es él quien te saca a golpes las lágrimas y te mata lentamente. Que no sabes cómo coño confesarle que te pasas las noches pensando en él. Y es tan simple, que a veces, te olvidas de esas dos palabras con sus cinco letras. Que a veces te olvidas de cómo era no estar enamorada. Que a veces te olvidas de tus penas sólo por intentar que sonría. Que a veces, le hablas, ríes, mientes. Que no sabes pronunciar su nombre sin sonreír. A veces, se te olvida tanto por estar jodidamente enamorada, que no sabes si quiera cómo mirarle a la cara. Y es entonces cuando piensas en lo hija de puta que es la vida y en lo bien que se están riendo en tu puta cara. Pero te da igual. Porque eres de esas princesas que lo soluciona todo con gloss de fresa y un par de toques de rimmel, porque eras de esas del yo nunca me enamoro; y ahora, ahora eres de esas que pintan corazones en las paredes de un baño cualquiera.
Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.
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